Tres unidades especializadas bajo el mismo techo y la misma cadena de custodia: qué hay en cada una y qué protege su caso mientras está aquí.
Es la unidad que recibe computadoras, servidores, teléfonos móviles y soportes de todo tipo. La adquisición ocurre con bloqueadores de escritura y duplicación forense por hardware de reconocimiento internacional, con capacidad de procesar simultáneamente hasta 7 unidades NVMe y 4 SATA/SAS en el origen: el soporte original se lee sin que un solo bit pueda grabarse en él, y la imagen forense nace autenticada por hash calculado durante la propia adquisición.
Para soportes dañados, la unidad mantiene una cámara limpia con cabina de flujo laminar, donde los discos se abren para sustituir cabezales de lectura y trasplantar componentes con piezas donantes, en el ambiente controlado que ese tipo de intervención exige. Servidores dedicados de análisis, separados de las estaciones de adquisición, indexan y correlacionan grandes volúmenes de datos para revelar vínculos e identificar todos los rastros.
Tras la recolección y la indexación forense, los soportes que contienen la preservación aguardan en sala bóveda conforme a ABNT NBR 15247 / EN 1047-2 hasta el desenlace del caso, con acceso restringido y monitoreo continuo.
Los dispositivos móviles tienen tratamiento propio: el aparato se aísla de la red apenas llega, lo que impide el borrado remoto y la alteración de contenido, y la extracción la realiza quien conoce a fondo la complejidad de este tipo de análisis, desde el bloqueo del sistema hasta la recuperación de datos de aplicaciones. El audio, la conversación o la foto que interesan al caso salen del aparato con hash, vinculación al dispositivo y cadena de custodia, no del reenvío que sobrevivió en el grupo de la familia.
La unidad también recibe el material que otros dieron por perdido: soportes con falla electrónica, discos que no montan, archivos borrados. La recuperación corre con la misma disciplina que el resto del laboratorio, porque el dato recuperado sin método se vuelve archivo; recuperado con método, se vuelve prueba.
La unidad de documentoscopia examina el documento físico en todas sus capas: el trazo de la firma, las tintas, las impresiones, el soporte. El instrumental óptico especializado permite leer lo que el ojo no alcanza: presión del trazo, cruces de tinta, orden de los asientos, retoques y raspaduras, bajo ampliación e iluminaciones dirigidas que revelan alteraciones invisibles a la luz común.
Es también la casa del cotejo grafotécnico: el análisis de patrones de escritura contra la pieza cuestionada, bajo los cuatro requisitos que definen un examen serio (autenticidad, contemporaneidad, adecuación y cantidad de los patrones). Y, en la frontera con el mundo digital, el Doc Lab trabaja junto al Data Lab en el examen de documentos que nacieron electrónicos: PDF, metadatos, firmas capturadas en pantalla.
Cada fuente de luz responde a una pregunta distinta. La luz ultravioleta de 365 nm revela fluorescencias del papel y de las tintas y los halos de un lavado químico; el infrarrojo diferencia tintas que parecen idénticas a simple vista y lee lo que está bajo obliteraciones; la luz transmitida expone marca de agua, injertos y enmiendas; y la luz rasante, casi paralela al papel, hace saltar los surcos de presión y relieves invisibles bajo iluminación frontal, como muestra el registro al lado.
El ESDA, detector electrostático de indentaciones, va más allá de lo que la luz alcanza: recupera la escritura comprimida grabada en las hojas de abajo del documento, incluso cuando no hay surco visible. Lo que se escribió sobre un bloc permanece legible páginas después, y más de un fraude ya se deshizo exactamente ahí.
El examen se completa con la medición: micrómetro de espesor de papel, escalas milimetradas forenses y fotomicrografía calibrada, el registro que ilustra el dictamen y permite al juzgador comprobar, con sus propios ojos, cada hallazgo descrito.
La unidad de audio conduce la comparación forense de hablantes, el examen de autenticidad de grabaciones y el análisis de contenidos audiovisuales, incluida la detección de voz y video sintéticos generados por inteligencia artificial. El trabajo combina el análisis perceptual del perito entrenado con el análisis acústico instrumental, conforme a la práctica recomendada por la IAFPA y por el Best Practice Manual de la ENFSI.
La recolección de patrón de voz sigue un protocolo dirigido, en ambiente controlado, que combina lectura y habla espontánea, por un canal compatible con la grabación cuestionada siempre que sea posible. Y vale aquí la regla de honestidad que atraviesa el laboratorio entero: la exclusión puede ser categórica; la identificación positiva es siempre graduada, en el tamaño exacto de lo que la técnica permite afirmar.
La estación de análisis trabaja en ambiente acústicamente tratado, con monitoreo de referencia y el examen espectral conducido en pantalla: espectrogramas, formantes, frecuencia fundamental y las microvariaciones fisiológicas que ningún imitador controla. Cuando el material lo permite, sistemas automáticos de comparación complementan el análisis, siempre bajo interpretación humana: la máquina calcula, el perito concluye.
Antes de cualquier comparación, el origen del audio importa: siempre que sea posible, la unidad extrae la grabación original directo del aparato, junto con el Data Lab, antes de la recompresión de las aplicaciones. El realce de inteligibilidad, cuando se aplica, recupera lo que la grabación contiene y nunca crea contenido, con cada intervención documentada en el dictamen.
Unidades con acceso restringido y monitoreo continuo. El material del caso no circula: entra lacrado, permanece rastreado y sale documentado.
Originales guardados conforme a ABNT NBR 15247 / EN 1047-2 hasta el desenlace del caso, con registro de cada manipulación: autor, fecha, hora y finalidad.
NDA antes de cualquier análisis, LGPD (ley brasileña de protección de datos) aplicada al propio trabajo pericial y secreto profesional mantenido incluso tras el término del contrato.